En esta novela, el inspector Alleyn viaja a Roma para desbaratar una importante red de narcotráfico. Así, se relaciona con un grupo de personas, algunas de ellas de dudosa moralidad.
Las cosas se complican cuando, durante una excursión, en la cripta de una antigua basílica, encuentran un cadáver, mientras que un traficante y chantajista desaparece.
Obra menor de Ngaio Marsh, escrita ya en los 70, en la que la falta de suspenso se compensa con la aparición de pintorescos personajes, simpáticas postales romanas, - incluida alguna alusión a La dolce vita de Fellini -, y divertidos encuentros entre el flemático inspector inglés y sus pares italianos.

"Eran más de las cinco de aquella tarde tan tibia cuando llegaron dos automóviles a la Colina Palatina. El aire olía a tierra soleada, a hierba, a arrayán y a resina. En las sombras que se agrandaban, las amapolas parecían lanzar pequeñas exclamaciones escarlata, y legiones de acantos descendían por los contornos de la colina. Los cielos se habían ahondado detrás de las rotas columnas y arcadas: los huesos de la Roma clásica."
