Cuando el portero de un hotel es encontrado asesinado en su habitación, en el sótano del mismo, el inspector Erlendur Sveinsson decide instalarse en una de sus habitaciones y desde allí dirigir la investigación, mientras convive con sus propias introspecciones y pesadillas , y con sus problemas.
Nos encontramos con un muy buen drama policial, de lectura ágil y llevadera, típico ejemplo del llamado thriller nórdico, donde, a los clásicos procedimientos policiales , - por citar interrogatorios, y búsqueda de evidencias , - se le suma una magnífica ambientación, en la que , en contraste con el aparente clima festivo - un céntrico hotel en vísperas de Navidad - encontramos una atmósfera sombría y claustrofóbica , donde interactúan personajes que sobrellevan su soledad, sus traumas, sus problemas, sus pequeñas y grandes tragedias, sus mezquindades y sus actos expiatorios, y donde el crimen no es más que una muestra de ese lado oscuro de una sociedad islandesa , donde no faltan adicciones, prostitución, niños maltratados, y donde, en definitiva, todos sufren, y, son, de alguna forma, también víctimas.

"Hacía frío en la habitación. Erlendur estaba de pie junto a la ventana mirando, pero lo único que veía era su propio reflejo en el oscuro vidrio. Hacía tiempo que no miraba a aquel hombre cara a cara, y allí, en la penumbra, pudo comprobar que había empezado a envejecer. A su lado y a su alrededor caían copos de nieve,
parsimoniosos, como si los cielos se hubieran quebrado y su polvo estuviera regando el mundo.
Acudió a su mente un pequeño volumen de poesía que tenía en casa, traducciones de algunos poemas de Hölderlin. Dejó a su mente vagar sin rumbo por los poemas hasta que se detuvo en una frase que comprendió que estaba relacionada con aquel hombre que lo miraba a los ojos desde la ventana.
Los muros se yerguen mudos y fríos al viento, gimen las veletas."
