"Y Maigret se adentró de nuevo en la lluvia, en la oscuridad.
Esto no era una investigación. No había ningún punto de partida, ninguna base.
No había más que un puñado de seres humanos, cada uno de los cuales vivía su propia vida en la pequeña ciudad azotada por el viento.
Es posible que todos fueran sinceros. Pero también era posible que uno de ellos escondiera un alma atormentada, horrorizada hasta el paroxismo por el recuerdo de la fornida silueta que merodeaba aquella noche por las calles"

En esta ocasión, Maigret viaja a Givet, pequeño poblado sobre el Mosa, en la frontera entre Francia y Bélgica.
Su visita es oficiosa, para aclarar lo que parece ser un misterio, la desaparición de una joven mujer.
En medio de una fría lluvia, y con un río crecido, nuestro comisario es testigo de prejuicios y hostilidades, y de debilidades y miserias humanas, en un ambiente sombrío, con personas que no le despíertan simpatía aunque no deja de compadecerse de ellas.
Cuando se encuentra el cadaver de la desdichada joven, lo único que lo mueve es conocer la motivación de un crimen tan sordido como banal.
